Dr. Rajoy… ¿¡Pero qué me pasa!?

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Desde el verano hasta hoy el estado anímico de la sociedad española parece haber entrado en barrena. Cada día somos más lo que estamos convencidos que la espiral en la que hemos entrado aún está lejos de su final. Todas las medidas adoptadas hasta la fecha por el gobierno de Rajoy no han servido de momento para frenar el deterioro. 

Los datos de la encuesta de población activa del tercer trimestre son demoledores. El número de parados crece en 85.000 personas y alcanza la cifra de 5.778.100. La tasa de paro se incrementa hasta el 25,02%. Esta situación es realmente alarmante y es lógica la creciente preocupación de todos los españoles porque no estamos viendo una adecuada gestión por parte del Gobierno actual. 

Lo que yo esperaba de Rajoy es el mismo proceso que sigo cuando estoy enfermo y voy al médico:

  1. En primer lugar me gustaría un diagnóstico.  Hasta ahora mismo no sabemos de verdad lo que nos pasa porque se oculta sistemáticamente una parte del problema. En las escasas comparencias públicas que ha tenido (en una situación así, sería deseable ejercer mejor el liderazgo de un país), solo nos ha dicho que nos hemos gastado más de lo que teníamos y ahora hay que pagarlo. Pero no nos ha explicado lo que aún gastamos en una estructura del estado a todas luces ineficiente y cara. Como cualquier estudiante de medicina sabe, si no se realiza un diagnóstico de forma inequívoca, es imposible la curación.
  2. En segundo lugar un hay que definir un tratamiento claro y específico. Hasta ahora lo único que se ha hecho ha sido subir de forma salvaje y atropellada los impuestos a ciudadanos y empresas. Y se ha recortado el gasto corriente (y en muchas ocasiones productivo). Pero como no se ha realizado el diagnóstico completo del problema, no hay tratamiento para esa parte. De nuevo en términos médicos diríamos que no hemos encontrado aún el camino.  
  3. Y por último, un plazo aproximado de curación. Pero es imposible dar un plazo dado que no se ha encontrado todavía el camino. De nuevo un diagnóstico insuficiente de la situación y una ausencia del tratamiento adecuado impiden atisbar un plazo realista de salida de la crisis.

De esta forma es imposible que la sociedad española confie en una salida temprana de la crisis. Nos falta un Gobierno con más capacidad para liderar y gestionar adecuadamente una situación tan seria como la que nos encontramos. Y sin confianza por parte de la sociedad, el camino va a ser todavía más duro y complicado si cabe. Necesitamos un cambio. Esto no puede continuar así. 

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